Robert Capa dijo en una ocasión: "En una guerra, hay que detestar o amar a alguien; en todo caso, hay que tomar partido, porque, si no, no hay forma de soportar lo que ocurre". Está claro que tanto él como Gerda, y Gerda aún más que él, tomaron partido desde el principio y de forma inequívoca en la Guerra Civil española. Pero también está claro que Gerda murió porque no soportaba "lo ocurrido". Porque se empeñó en negar la derrota, porque se obstinó en su desesperado deseo de una victoria que, en su calidad de testigo visual, deseaba inmortalizar. Y eso es visible hasta en sus últimos gritos exhortando a regresar al combate a los soldados que se debatían en retirada.
François Maspero. Gerda Taro, la sombra de una fotógrafa.


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